lunes, 26 de enero de 2015

Soñadores y realistas

Resulta fácil, para muchísima gente, imaginarse que cualquier cosa es posible. Soñadores que ven cualquier momento bueno para dejar volar su imaginación. Para los que cualquier ocasión es perfecta para inventar un mundo paralelo donde todo es posible. Quizás, los que no hagan eso, están más lejos de conseguirlo o, por el contrario, al estar más cerca de la realidad, consiguen antes las cosas. A veces, tan solo a veces, me cuesta elegir si es mejor ser soñador o realista. Soñadores que se creen en una realidad mejor o realistas que saben que lo ven es lo que hay, sin más.

Soñar como vía de escape de todo lo malo... Realismo como aceptación de lo que nos ha tocado vivir. Soñar con ser mejor o trabajar para poder llegar a serlo. Soñar que el amor es perfecto o aceptar que las imperfecciones siempre estarán ahí. Soñar que vendrán tiempos mejores o asumir que la situación puede que no mejore. Soñar que llegará quien sea que tenga buenos propósitos o admitir que nadie se merece la confianza que está pidiendo.

En algunos momentos, hay realidades muy alejadas de la propia realidad y también sabemos que los sueños se vuelven pesadillas en milésimas de segundo. Entonces, ¿Qué es mejor? ¿Merece la pena pasarse la vida añorando cosas que jamás pasaron ni pasarán? ¿La mejor opción es ver las cosas tal y como son?

Podría ser una opción que ambas clases intercambiaran sus papeles un tiempo. Soñadores, bajen de sus sueños y dejen a los realistas soñar un futuro mejor. Realistas, dejad a los soñadores una realidad que os atormenta y reconforta a partes iguales, para que descubran el placer que hay en no ver más allá de lo que hay. Soñadores buscando una realidad fuera de un realismo que acaba por llegar. Realistas sin tregua, que creen que soñar es algo parecido a un suicidio social...

Y que no haya más opción: sueño o realidad... Y la paradoja es que cuando los sueños se rompen dejamos de soñar, aunque solo sea por un tiempo. Y cuando la realidad nos sorprende y pasa algo inesperado, creemos que quizás estaría bien tener la licencia, de vez en cuando, de poder soñar.

Puede que sueño y realidad estén tan cerca que se puedan volver la misma cosa. Puede que, por el contrario, estén tan lejos que sea un imposible que anden de la mano. Y lo peor de todo es que ni unos ni otros terminan por ser felices del todo. Los sueños se rompen a diario y la realidad también se nos termina rompiendo en la cara sin, ni en un ni otro caso, podamos hacer nada.