miércoles, 7 de enero de 2015

Encadenados


Al trabajo, al amor, a la amistad, a la familia, a la vida. A veces, casi sin darnos cuenta, vivimos encadenados a cualquier cosa. Otras veces, sentimos la necesidad de encadenarnos a algo, algo que en ese momento nos falta. Ojalá la vida fuera tan fácil como encadenarse a cualquier cosa. Ojalá el amor fuera ir a un puente, poner un candado y tirar la llave. Aunque, de ser así, sé de muchos que ahora mismo estarían buscando en el fondo de cualquier río la maldita llave. Y es que no creo que sea bueno encadenarse, aunque tampoco sé si puedo decir que no estoy encadenada a nada.

La dependencia es una manera de encadenarse. De hecho, es la más común. No ya la dependencia emocional, sino la dependencia económica. Lo que pasa es que se mezcla todo y se llega a un punto en el que no se sabe diferenciar. Yo defiendo la independencia por encima de todo. Para uno poder complementar a otra persona, tiene que ser independiente en todos los sentidos, por lo menos en la medida de sus posibilidades. Tener sus propios amigos, sus propios ingresos, sus propios gustos, sus propias conversaciones... No se trata de no querer a alguien, pero nadie es eterno. La persona que tienes al lado no va a estar ahí siempre, entonces hay que ser más egoístas.

Hay que quererse y cuidarse, formarse e independizarse en muchos sentidos. Se puede seguir un camino junto a alguien sin tener que depender de esa persona. Uno quiere alguien en quien apoyarse y que le apoye, alguien que tire de él y de quien tirar. No una carga. Y no me refiero a una carga económica por ejemplo, sino una encarga emocional. Uno quiere una unión sana, no una cadena.

Entiendo que, no ya mi generación, sino generaciones anteriores a la mía, tienen una visión de la vida diferente. Pero, como defensora de la felicidad por encima de todo, opino que no merece la pena. Yo vivo mi vida y en ese vivir mi vida, vivo con alguien. No quiero vivir por nadie, para nadie, la vida de nadie ni que nadie viva la mía. Yo soy yo de manera individual, no soy el complemento de nadie.

Creo que nunca es tarde para romper cualquier cadena. No  hay candado sin llave, aunque uno pierda la vida buscando la llave, hay que buscarla. Porque es una tontería perder la vida por otra persona. Es como aquellos que se pasan la vida cuidando de sus padres. Es muy sacrificado, elogiable, pero dejan de vivir. Yo, antes de que me tomen por un héroe o por alguien a quien admirar, quiero vivir. Una cosa es cuidar de unos padres y, otra, es hacer de eso tu vida. Una cosa es jugar a ser la madre y mujer perfecta y, otra, es solo hacer eso sin más.

La verdad es que soy muy crítica con ese tipo de decisiones porque yo no sería capaz. Supongo que uno va poco a poco. O, ni siquiera se da cuenta de que está dejando, poco a poco, de vivir. Y, aunque es fácil decirlo, esas cadenas no son fáciles de romper. Pero he visto a quien puede. He visto a yonkis de una relación zanjarla y empezar a vivir para ellos mismos. He visto a amas de casa hartas de vivir la vida de sus maridos o de esperar en casa con la mesa puesta que han empezado a vivir o que, directamente, han cogido la puerta y se han ido. He visto a personas decidir que su felicidad iba por otro camino y que han tenido el valor de hacerlo.

Pero es que, visto desde el otro lado, tampoco es fácil. Es decir, que alguien dependa de ti no es algo agradable. Vale que, en algunas cosas, te pida ayuda, pero que te haga sentir que sin ti no puede hacer algo... eso, lejos de hacerte sentir bien, termina por agobiarte.

Hay demasiados candados en demasiados puentes del mundo que no significan nada, pero que parecen querer encadenar todo el amor del mundo... Yo, me quedo con el amor sin cadenas, con la amistad sin ataduras, con la familia que uno elige. Yo, me quedo, por encima de todo, con mi vida.